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Cómo trabajar para un idiota: sobreviva sin matar a su jefe Volver al listado
Mucha gente elige este libro con la expectativa de encontrar iguales dosis de conmiseración y consejos. Y es probable que, al terminar de leerlo, piensen: "Al final, los idiotas somos nosotros".

Por The New York Times

Los jefes idiotas son promovidos cada vez más alto en la escalera corporativa y, en el camino, diseminan su idiotismo. Y los subordinados de los jefes idiotas caen en la trampa: muchas veces, ellos mismos son demasiado idiotas como para aprovechar la estupidez de su jefe en su beneficio. O, peor aún, permiten que sus jefes idiotas los dejen al margen de los buenos trabajos. 

"Lo dicen las encuestas: la gente considera que los malos jefes son la razón principal para renunciar a un empleo", afirma el doctor Hoover, que tiene un master en terapia familiar y matrimonial. ¿Qué pasa? ¿Los límites son imprecisos? ¿Ser o no ser idiota es la única cuestión? Hoover sostiene que no, que no todos los malos jefes son idiotas. Hay jefes maquiavélicos, jefes sádicos, jefes paranoicos y hasta jefes compinches que tienen tantas ganas de hacerse amigos de sus subordinados que, muchas veces, no los dejan hacer su trabajo. 

Y, en realidad, muchos malos jefes ni siquiera son idiotas: son torturadores: "Un idiota no reconoce el talento. Un sádico o un paranoico, lo sabotea", afirma Hoover, que también es doctor en dinámica organizacional. Los subordinados de los idiotas también pueden ser idiotas de buena fe que actúan como tales con sus propios subordinados. Ahora bien, los subordinados de los genios también pueden comportarse como idiotas con sus subordinados. ¿Confundidos? Así se sintió la autora de esta nota cuando invitó a almorzar al doctor Hoover con la esperanza de aprender a detectar a los idiotas y esquivarlos antes de que el daño producido resulte irremediable. 

Pero no resultó: el almuerzo terminó y siguió sintiéndose… una auténtica idiota. Eso no implica que haya que preocuparse: el doctor Hoover dice que "el idiotismo laboral es un síndrome tratable". A su juicio, su libro, publicado en noviembre de 2003, "es un texto elemental para jefes idiotas", pero, también, "un bálsamo para sus hostigados subordinados". Además de consejos, el combo de Hoover ofrece un programa de rehabilitación de 12 pasos para aquellos jefes que quieran deshacerse de su idiotismo. No en vano, durante el almuerzo, él mismo se refirió repetidamente a sí mismo como "un auténtico idiota en recuperación"... "A medida que fui creciendo, me fui dando cuenta de todo lo que no sabía. Ese es el primer paso para recuperarse del idiotismo", dice Hoover. 

"Antes, ignoraba las necesidades de mis colegas; nunca me había puesto a pensar que la gente tenía otras agendas, diferentes a la mía. Me creía un superhéroe con ideas brillantes, cuando, en realidad, lo único que estaba haciendo era fastidiar a todo el mundo". En los distintos empleos que tuvo, el doctor Hoover fue tomando más y más conciencia de los idiotas que lo rodeaban y, a la vez, del idiota que veía en el espejo. Así fue que abandonó el mundo corporativo y se convirtió en consultor especializado en comunicaciones y capacitación. 

Entre los consejos para quienes trabajan con jefes idiotas, sugiere: "Hacer que el jefe se sienta cómodo", "Demostrarle que comparte sus objetivos", "Recordar que es muy susceptible a los cumplidos" y, sobre todo, "No perder las esperanzas". "Probablemente, un jefe sádico no cambie nunca. Un jefe idiota, en cambio, puede superarse", dice. Luego, pide que no lo malinterpreten: "Los idiotas en recuperación seguimos siendo idiotas. Sólo estamos aprendiendo a controlar nuestro comportamiento..." 


 
 
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