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La frase “trabajo en equipo”,
posiblemente es una de las citadas en más ocasiones por los directivos de
nuestras empresas. Queda muy lindo decir:
"En mi empresa yo trabajo en
equipo"
Pero si continuamos la conversación, seguramente acabaría
así: - ¿Qué haces para ello? - Me reúno muchas veces con mi gente y les
pongo al corriente de mis decisiones. De vez en cuando me dan su opinión, casi
siempre para consensuar lo que vamos a hacer.
• ¿Quién dirige estar
reuniones? • Yo, por supuesto. Soy el Gerente General de la empresa.
•
¿Y cómo se implementan los acuerdos de la reunión? • Cada uno sale conociendo
muy bien lo que tiene que hacer. Yo me limito a controlarles.
¿Esto es
trabajar en equipo? No, amigos. Rotundamente, NO. Lo que acabamos de descubrir,
(muy normal, por cierto, en la mayoría de las empresas), es sólo un grupo de
trabajo dirigido por un jefe. De esta situación al auténtico TRABAJO EN EQUIPO,
hay un largo recorrido.
En principio, el buen trabajo en equipo es una
cuestión de actitudes personales, más que de herramientas. Se basa en el axioma
de que “NINGUNO DE NOSOTROS ES TAN BUENO COMO TODOS NOSOTROS”. Sólo así se
producirá la SINERGIA, que consigue, por ejemplo, que 2+2+2= 7, 8, o más,
entendiendo por el 2+2+2 como las aportaciones individuales de sus
componentes.
Existen cientos de libros y miles de “recetas mágicas” que
pretenden enseñar cómo trabajar en equipo, pero todas ellas resultan altamente
frustrantes cuando se intenta aplicarlas a la realidad. La razón del fracaso es,
principalmente, el fallo de las actitudes personales.
Ante la lógica
limitación de espacio sólo voy a exponer las partes que forman el sólido
edificio en que se convierte un equipo excelente:
LOS
CIMIENTOS:
• LIMITACIÓN INDIVIDUAL: Nunca
pensamos las enormes limitaciones del ser humano. Alguien completamente solo, en
medio de una selva, tiene menos probabilidades de supervivencia que un insecto
de los más simples. Los humanos estamos condenados a trabajar en equipo. La
dependencia e interdependencia es completamente inevitable. • ACTITUDES PERSONALES POSITIVAS:
Sólo cuando se consiguen es posible la sinergia en el equipo. Mi
actitud frente a las opiniones de los demás y a la crítica ha de ser
excelente.
LAS PAREDES:
• AMISTAD POTENCIAL: No se trata de
formar un equipo de amigos, sino que, como mínimo, no existan enemistades
insalvables entre alguno de sus componente. En este caso, es mejor integrar a
cada uno en un equipo diferente. •
MISIÓN CLARA Y COMPARTIDA: La Misión de cada uno de los
integrantes así como la de la empresa han de estar muy claras y aceptadas por
todos. No podemos navegar en barcos distintos. • PARTICIPACIÓN: En un equipo TODOS
SON LÍDERES. Ha de apoyarse y ser dirigido siempre por quién esté en posesión de
los puntos fuertes y características más adecuados al tipo de problema planteado
al equipo. El jefe ha de entenderlo claramente y participar como uno más,
permitiendo el liderazgo del más adecuado. • CRÍTICA Y EVALUACIÓN CONSTANTE:
Esta crítica constructiva es el auténtico motor de cualquier equipo. Ha de ser
anterior, concurrente y posterior, emitida por cualquiera y referida siempre a
hechos, jamás a la persona.
EL TECHO:
• DIVISIÓN CLARA DE FUNCIONES: Los
roles y funciones individuales han de estar perfectamente definidos y
consensuados. • OBJETIVO COMÚN
SUPERIOR: Discutido y consensuado antes de iniciar cualquier
trabajo. • AUTÉNTICA
COMUNICACIÓN: Que comprende la interacción, franqueza,
transparencia, etc. • ¡TODOS SOMOS
LOS MEJORES!: El orgullo de pertenecer al equipo.
Una vez
conseguido el edificio ya podremos incorporar cuántas herramientas se deseen,
con la garantía de un correcto funcionamiento. Y, ante todo, recordar
permanentemente el eslogan de los equipos campeones:
"NINGUNO DE NOSOTROS EN TAN
BUENO COMO TODOS NOSOTROS”. Fuente:
Francisco Roca, Aguilar
Empresas. Publicado por
Emprendedores.News
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